Nueva declaración de la ONU que el Vaticano no firmará

La noticia en rtve.es:

rtve.es/noticias – Francia propone despenalizar la homosexualidad y el Vaticano se opone

(Si veis el vídeo, olvidaos de la última frase, tremenda cazurrada de la redactora.)

La sede de la ICAR defiende su posición argumentando que la declaración podría ser utilizada como elemento de presión contra los países que no adopten políticas como el matrimonio gay (ejemplo puesto por el observador del Vaticano en la ONU). Entonces, según ellos, se estaría cambiando una discriminación por otra, con lo que no se ganaría nada. Aclara Lombardi, desde la Oficina de Información de la Santa Sede, que rechazan «todas las legislaciones penales violentas o discriminatorias respecto a los homosexuales».

No sorprende demasiado. La declaración en cuestión habla solamente de condenar la penalización de la homosexualidad, castigada en muchos países con pena de carcel o incluso de muerte. Nada más. Nada sobre el matrimonio gay, la adopción o asimilables. Pero donde únicamente hay una repulsa a las penas de carcel y de muerte, el Vaticano ve la implacable cuña del lobby gay abriéndose paso. Es grotesco. Vale más, para ellos, que los valores tradicionales se mantengan que evitar privaciones de libertad, palizas y ejecuciones de seres humanos, y todo cuando la declaración no deja abierta ninguna posibilidad al ataque de dichos valores: despenalizar, eso es todo.

No dudo de que son sinceros cuando afirman que están en contra de la pena de muerte, pero demuestran claramente que la consideran un mal menor frente al matrimonio gay.

Todos los países de la UE han apoyado la declaración, incluídos los que, como Polonia, se oponen frontalmente a las uniones homosexuales. ¿Quién acompaña al Vaticano? Los países musulmanes más fundamentalistas (aquellos donde se aplican las penas que se condenan). Dime con quién andas…

De todas formas, ya sabemos lo que la ICAR opina sobre los derechos humanos.

El Vaticano y los Derechos Humanos

Leemos en cope.es:

El Vaticano celebra el 60 aniversario de la Declaración de los Derechos Humanos

Y, en publico.es, esto otro:

El Vaticano pide a Italia que respete los derechos humanos de los inmigrantes

Ambos actos por parte del Vaticano resultan de una hipocresía fabulosa. Os recomiendo leer de arriba a abajo un artículo del jesuíta y teólogo de la liberación José María Castillo Sánchez, que podéis encontrar aquí, y del que extraigo, para destacar, un párrafo:

Que los derechos humanos constituyen un problema no resuelto en la vida y en la organización de la Iglesia, es algo que todo el mundo sabe y que los mismos dirigentes eclesiásticos reconocen públicamente, como después indicaré. Por supuesto, sabemos que el Concilio Vaticano II hizo una mención elogiosa de «los derechos de la persona»: libre reunión, libre asociación, expresión de la propia opinión y profesar la propia religión (GS 73). Sabemos también que Juan XXIII, Pablo VI y Juan Pablo II han reconocido y elogiado el ideal proclamado por la declaración universal de 1948. Pero el hecho es que, hasta este momento, no existe un documento oficial de las autoridades eclesiásticas aceptando públicamente el texto de la Declaración y comprometiéndose a ponerlo en práctica. Y la razón de este hecho es clara: la Iglesia católica, tal como está organizada y tal como de hecho funciona, no puede aceptar el texto íntegro de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Porque no puede aceptar la igualdad efectiva y real de hombres y mujeres. Ni la libertad de expresión y enseñanza sin recortes. Ni las garantías jurisdiccionales en el enjuiciamiento y medidas disciplinarias. Ni la participación de todos los miembros de la Iglesia en la designación de los cargos eclesiásticos. Y la lista de cosas que la Iglesia no puede aceptar, en lo referente a derechos humanos, se podría alargar mucho más.

Leemos también que de los 103 convenios internacionales destinados a la protección de los derechos humanos, el Vaticano ha firmado sólamente 10, menos que Cuba, China, Irán o Ruanda. Entre ellos, no ha suscrito las convenciones en defensa de los derechos de las mujeres, de los trabajadores, las que condenan los genocidios, los crímenes de guerra y los crímenes contra la humanidad, la prohibición de la pena de muerte, de la tortura o de los tratos inhumanos o degradantes. La Santa Sede es uno de los estados menos comprometidos en la defensa de los DDHH.

Así que, cada vez que un católico intente argumentar su posición en cualquier asunto (v.g.: el aborto) echando mano de los DDHH, pasadle el vínculo al artículo de J. M. Castillo y recordadle los versículos de Mateo (7,1-5):

No juzguéis, para que no seáis juzgados. Porque con el juicio con que juzguéis seréis juzgados, y con la medida con que midáis se os medirá.
¿Cómo es que miras la brizna que hay en el ojo de tu hermano, y no reparas en la viga que hay en tu ojo? ¿O cómo vas a decir a tu hermano: “Deja que te saque la brizna del ojo”, teniendo la viga en el tuyo? Hipócrita, saca primero la viga de tu ojo, y entonces podrás ver para sacar la brizna del ojo de tu hermano.