Retirada de crucifijos

La única posibilidad en un estado liberal es la retirada de todos los símbolos religiosos de las instituciones públicas. Punto. En este país no sabemos todavía qué cosa es el liberalismo, PSOE (y sus tibiezas) incluído.

Decidme si no reconocéis aquí a la Conferencia Episcopal (crédito a Don Addis):

Tira de Don Addis.

Tira de Don Addis.

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Citas: Paolo Flores d’Arcais

De Once tesis contra Habermas (Paolo Flores d’Arcais), aparecido en el número 179 de la revista Claves de Razón Práctica:

Paolo Flores dArcais

Paolo Flores d'Arcais

Por ello, y para salvaguardar de forma simétrica a los ciudadanos, el constitucionalismo liberal debe imponer un “peso mental y psicológico” asimétrico sobre cada uno de ellos: que eso suponga o no una carga (y una carga más o menos pesada) para quien vive una determinada convicción religiosa o filosófica mide sólo la distancia, la conflictividad y eventualmente la incompatibilidad entre dichas convicciones y el Estado liberal.


Ese “esfuerzo de aprendizaje y de adaptación exigido a los ciudadanos religiosos”, que quede claro, no es algo que se “ahorran los ciudadanos laicos”. Es irrenunciable para la democracia, y por tanto se le exigiría también a un ateo que considerase “ley de la Naturaleza” un vitalismo depredador con connotaciones racistas, o que afirmara que la homosexualidad es una enfermedad, o que predicara la eliminación de los disminuidos. En realidad nunca se puede eximir de ese esfuerzo a quien está contra los valores democráticos, a menos que la democracia renuncie a sí misma.

Los enemigos de la libertad de expresión

Hoy mismo, podemos leer lo siguiente en el blog del creador de HazteOir:

Los enemigos de la libertad tratan de callar a los rebeldes

Así resumiría lo que ha pasado en Cataluña, donde la Generalidad usa al CAC para arremeter contra la libertad de información en esa parte de España. […]

Para contraatacar a los enemigos, han creado libertadexpresion.org, donde leemos:

Defiende la libertad

La libertad informativa en Cataluña está hoy más en peligro que nunca. Las maneras dictatoriales del Gobierno del PSC, que no admiten la crítica independiente, aplastan en Cataluña la más básica de las libertades sociales: la libertad de expresión.

Me parece muy apropiada la defensa de la continuidad de emisiones de la COPE, así como de cualquier emisora. La no renovación de una licencia de emisión porque la ideología de la cadena no concuerda con la del organismo regulador de turno (o del que lo maneja) es una canallada propia de un régimen totalitario. Si no hay resolución judicial basada en un delito (de injurias, por ejemplo), cualquier interrupción es un ataque claro contra la libertad de expresión.

Lo curioso del asunto es que sea HazteOir quien se erija en garante de la citada libertad, cuando basta hacer un poco de memoria para encontrarse con esto:

Por supuesto, estar a favor de la libertad de expresión no es contradictorio con dejar de escuchar o comprar productos del medio que me ofende.

Pero defender la libertad de expresión, como cualquier otra libertad, sólo puede hacerse si se defiende en todos los casos, incluso cuando me fastidia. Y montar una campaña de boicot (que no es lo mismo que boicotear) es todo lo contrario de defender. Por eso, que HazteOir se erija ahora en paladín de la libertad de expresión es de una hipocresía nauseabunda.